domingo, 1 de mayo de 2011

CONSTITUCIÓN DEL VARÓN Y LA MUJER

14. En la unidad de cuerpo y alma, el hombre, por su misma condición corporal, es una síntesis del universo material, el cual alcanza por medio del hombre su más alta cima y alza la voz para la libre alabanza del Creador. No debe, por tanto, despreciar la vida corporal, sino que, por el contrario, debe tener por bueno y honrar a su propio cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en el último día. Herido por el pecado, experimenta, sin embargo, la rebelión del cuerpo. La propia dignidad humana pide, pues, que glorifique a Dios en su cuerpo y no permita que lo esclavicen las inclinaciones depravadas de su corazón.

No se equivoca el hombre al afirmar su superioridad sobre el universo material y al considerarse no ya como partícula de la naturaleza o como elemento anónimo de la ciudad humana. Por su interioridad es, en efecto, superior al universo entero; a esta profunda interioridad retorna cuando entra dentro de su corazón, donde Dios le aguarda, escrutador de los corazones, y donde él personalmente, bajo la mirada de Dios, decide su propio destino. Al afirmar, por tanto, en sí mismo la espiritualidad y la inmortalidad de su alma, no es el hombre juguete de un espejismo ilusorio provocado solamente por las condiciones físicas y sociales exteriores, sino que toca, por el contrario, la verdad más profunda de la realidad.

Dignidad de la inteligencia, verdad y sabiduría

15. Tiene razón el hombre, participante de la luz de la inteligencia divina, cuando afirma que por virtud de su inteligencia es superior al universo material. Con el ejercicio infatigable de su ingenio a lo largo de los siglos, la humanidad ha realizado grandes avances en las ciencias positivas, en el campo de la técnica y en la esfera de las artes liberales. Pero en nuestra época ha obtenido éxitos extraordinarios en la investigación y en el dominio del mundo material. Siempre, sin embargo, ha buscado y ha encontrado una verdad más profunda. La inteligencia no se ciñe solamente a los fenómenos. Tiene capacidad para alcanzar la realidad inteligible con verdadera certeza, aunque a consecuencia del pecado esté parcialmente oscurecida y debilitada.

Finalmente, la naturaleza intelectual de la persona humana se perfecciona y debe perfeccionarse por medio de la sabiduría, la cual atrae con suavidad la mente del hombre a la búsqueda y al amor de la verdad y del bien. Imbuido por ella, el hombre se alza por medio de lo visible hacia lo invisible.

Nuestra época, más que ninguna otra, tiene necesidad de esta sabiduría para humanizar todos los nuevos descubrimientos de la humanidad. El destino futuro del mundo corre peligro si no forman hombres más instruidos en esta sabiduría. Debe advertirse a este respecto que muchas naciones económicamente pobres, pero ricas en esta sabiduría, pueden ofrecer a las demás una extraordinaria aportación.

Con el don del Espíritu Santo, el hombre llega por la fe a contemplar y saborear el misterio del plan divino.

(Fuente: Gaudium et spes 14-15)


Así Dios nos ha dotado de capcidades para convertirnos en sus colaboradores, es decir nos ha creado para ser co-creadores con él, por ello nos ha dado:



a) La inteligencia y la sabiduría: Es la capcidad que nos ha dado Dios para pensar, buscar y hallar la verdad a través de la mente y la razón, con ellas y la creatividad podemos inventar cosas maravillosas.

b) La voluntad: Es la capacidad que nos ha dado Dios para "movernos" hacia un bien que se desea. La voluntad busca aquello que ha sido pensado por nuestra inteligencia.

c) La libertad: Es la capacidad que nos ha dado Dios para actuar y hacer a quello que eatá deacuerdo con la inteligencia y la voluntad. Al ser creados libres nos convertimos en responsables de nuestras acciones.

d) El amor: Es la capacidad inteligente, voluntaria y libre que nos ha dado Dios para darse uno mismo a Señor, a la creación y al prójimo, de entregarse totalmente a los demás sin poner condiciones.

(Cf. Infantes Véliz, Jorge Alberto. Viviendo en la fe 1. Libro del profesor. San Pablo. 2009. pág. 50)

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